Laura Jaume Fotografía, una pasión convertida en negocio

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Laura Jaume abrió su estudio de fotografía profesional situado en el camino de Olesa en Sa Cabaneta en 2008, junto al bar La Unión que regentan sus padres. “Me propusieron coger el estudio de un fotógrafo que se retiraba, pero finalmente la cosa se complicó, pero como que ya estaba animada decidí montármelo por mi cuenta”.

Laura explica que ha conseguido vivir de su pasión “con mucha ayuda de mis padres y mi pareja, y también gracias a fotógrafos veteranos que me ayudaron y aconsejaron”.

Los clientes, cuenta Laura, la buscan no solo para tener un recuerdo de un momento especial, también quieren un buen servicio. “Hoy en día todo el mundo puede hacer fotos que documenten un momento, por eso creo que el trato a los clientes tiene mucha importancia. Hacer sentir bien a la persona que tienes ante el objetivo te ayuda no solo a que la foto sea mejor, sino también a que salgan de la sesión con la sensación de haber vivido una buena experiencia”, afirma.

La fotografía comercial supone una parte importante del trabajo de los estudios de fotografía. “Hago bastante retrato para marca personal, sobre todo de mujeres emprendedoras. Hoy en día tu imagen es parte de tu marca, y es importante que los futuros clientes te pongan cara y puedan empatizar con quién hay detrás de un proyecto. Vendría a ser como el retrato corporativo pero más relajado. Esto me está permitiendo conocer a personas fantásticas con proyectos muy interesantes”.

Actualmente, hacemos más fotos que nunca gracias a los teléfonos, pero muchas de ellas se pierden en los dispositivos electrónicos o quedan almacenadas en un ordenador que nadie consulta. Laura Jaume es una firme defensora de las fotos en papel. “No se trata solo de no perder los archivos, sino de la dimensión que toma una foto cuando la puedes tocar, cuando la conviertes en un objeto. Yo siempre pongo como ejemplo el típico día de Navidad que la abuela saca una de aquellas cajas de galletas llena de fotos de familia y todo el mundo las mira y las comenta. Esto ante un móvil…no es lo mismo”, sostiene Laura Jaume.

Laura, que trabaja sola en su estudio, ha hecho todo tipo de fotografías: arquitectura, hoteles, producto, pero sobre todo fotografía social. “Por un lado, realizo fotografía de boda, la mayoría de extranjeros que vienen a casarse a Mallorca. Además, soy fotógrafa de familia: hago sesiones de embarazo y neonato, pero diría que las que más me gustan son las familiares, donde hay niños que siempre te sorprenden y dan mucho de juego”.

A lo largo de su carrera, Laura Jaume confiesa que le han propuesto todo tipo de fotografías, incluso algunas muy sorprendentes. “Una vez me propusieron hacer fotos en una boda nudista. Nunca llegué a descubrir si era real o una broma”. Las bodas son precisamente una de sus principales fuentes de negocio, hasta el 50% de su trabajo.

Laura es optimista sobre el futuro de la fotografía profesional. “Yo creo que mientras haya momentos que celebrar, la gente querrá tener a alguien que lo documente”. Laura explica la gran evolución que ha experimentado el negocio desde que comenzó. Al principio funcionaba como tienda con servicios de revelado, fotos de carné, etc. “Ahora ofrezco exclusivamente servicios de fotografía profesional, con cita previa, para poder atender bien a los clientes y estar centrada en lo que más me gusta”.

Como autónoma, Laura señala una de las principales trabas de su negocio. “La cuota de autónomo es bastante desorbitada y a veces no te queda más remedio que hacer más horas o quedarte sin vacaciones para poder hacer frente a los gastos”.

Pandemia

La fase más aguda de la pandemia, con confinamientos y continúas restricciones sociales, afectaron de pleno al negocio, pero después, cuenta Laura, se produjo un renacimiento. “Por la parte de los reportajes de boda fue complicado de gestionar, con muchos de cambios de fechas, una temporada entera en blanco en la que hice mucho trabajo de gestión, pero sin hacer ninguna foto”. En cambio, la fase posterior al confinamiento fue muy provechosa. “Al acabar el confinamiento, tuve mucho trabajo de fotografía familiar. En el verano de 2020 se regalaron muchas sesiones a abuelos, hice muchas sesiones familiares en la playa, incluso una familia quiso hacer una sesión en la azotea de su casa, donde habían pasado mucho tiempo aquellos últimos meses. Para mí fue un verano muy bonito y tengo muy buen recuerdo”.

Laura Jaume es optimista sobre el futuro del pequeño comercio. Tiene una visión global gracias a su estudio y gracias al bar La Unión que regentan sus padres desde hace cincuenta años y que ahora dirigirá su pareja. “Creo que cada vez más la gente está valorando el trato personal y el comercio de proximidad, y estoy segura de que eso irá a más”.

Laura explica que ha aprendido unos valores muy sólidos gracias a sus padres. Desde pequeña ha visto que el esfuerzo, la profesionalidad, el servicio y la atención al público estaban por encima de todo. “Siempre he visto que el negocio y la vida eran todo uno. Mis padres siempre han tenido muy en cuenta a los clientes a la hora de tomar decisiones, y supongo que esto me ha enseñado que tienes una responsabilidad con ellos de hacer el trabajo no solo por cumplir, sino de hacerlo lo mejor que puedas, por ellos y por ti mismo. Mi abuela, que también llevó el bar, ya era muy trabajadora, y la idea de que te tienes que esforzar para hacer las cosas lo mejor que puedas siempre la he tenido en la cabeza desde que era muy pequeña”.