«El lujo debilita»
Jofre Porta es uno de los entrenadores más influyentes del tenis español. Estuvo presente en los inicios de Carlos Moyà y Rafael Nadal, y su nombre está ligado al nacimiento de una generación irrepetible de tenistas. Actualmente dirige su propia academia en Marratxí, el Global Tennis Team, donde aplica su método centrado en la disciplina, la autonomía y la formación integral del jugador.
Más que un técnico, Porta se ve a menudo como un pensador del tenis, convencido de que para crear campeones no basta con entrenar los golpes: hay que forjar carácter, responsabilidad y pasión por el juego.
¿Eres un filósofo del tenis?
No me autodefino como filósofo. Pero sí que me gusta mucho la filosofía, sobre todo la estoica, y es una herramienta que utilizamos mucho en el trabajo psicológico con los jugadores.
Y si no eres filósofo del tenis, ¿cómo te definirías? ¿Entrenador, investigador, gestor de talentos…?
Todo está muy ligado. Intentar separarlo en compartimentos muchas veces es distorsionarlo. No podemos hacer tenistas si no educamos, ni podemos educar sin medios, y el deporte es uno de los mejores instrumentos que existen para educar.
Al final, si tengo que elegir una palabra, me siento educador. Un partícipe de la educación de los jugadores y de toda la gente que pasa por aquí.
¿Y cómo empezó tu camino en el tenis? ¿En qué momento viste claro que tu vía era la formación?
En realidad entré por la puerta de atrás. Cuando tenía 14 años, el tenis era un deporte elitista, muy snob. Yo soy de Barcelona y recuerdo las pistas: todos de blanco, un ambiente que me ponía muy nervioso. Pero con el tiempo el tenis se fue abriendo y socializando, llegando mucho más lejos.
Como formador has estado vinculado a dos campeones como Carlos Moyà y Rafael Nadal. ¿Qué te ha aportado trabajar con ellos?
Primero de todo, la fortuna de haber estado en el lugar adecuado en el momento adecuado. Con Carlos yo era muy joven, tenía poco más de veinte años y casi sin experiencia. No había estudios ni bibliografía como ahora, cada uno vivía de su propia experiencia. Yo no había sido jugador profesional y tuve que inventarme el camino. Estudié muchísimo para poder competir con entrenadores que sí habían jugado.
Con Carlos aprendimos juntos, a base de pasión. Siempre digo que él llegó a ser número 1 del mundo casi a pesar de mí, porque había muchas cosas que hacíamos de manera intuitiva, y mirándolo ahora algunas parecen auténticas barbaridades. Pero también llegué a la conclusión de que la pasión es, incluso, más importante que el conocimiento técnico. Con Carlos Moyà llegamos muy lejos con unas herramientas limitadas, pero con una ilusión inmensa.
Con Rafael Nadal ya es otra etapa. Tenía más conocimientos y experiencia. Pusimos en marcha el centro de tecnificación de Mallorca y, en aquel momento, reunimos a una generación increíble de jóvenes. El gran abanderado de esa hornada fue Rafael Nadal.

Hay un antes y un después de Nadal en el tenis de Mallorca, de España y del mundo. Tú que has vivido de cerca su carrera… ¿cómo ha impactado el fenómeno Nadal?
Hay dos hitos importantes. El primero es Carlos Moyà: él demostró que desde Mallorca se podía llegar muy lejos. En aquella época muchos se iban a Cataluña porque pensaban que desde una isla era imposible hacer carrera. Él demostró lo contrario y abrió unas puertas que después otros han sabido seguir.
Y después llega Rafael Nadal. Sí, se veía que era bueno desde pequeño, pero nadie podía imaginar hasta dónde llegaría. Lo que ha hecho él no existía antes: ha creado un perfil nuevo de jugador, una manera diferente de entender el tenis.
¿Cuál es el gran mérito de Nadal?
Más allá del talento, el carácter. Y aquí entra un rasgo muy mallorquín que yo valoro mucho: la humildad. Ese talante tranquilo, sin prisas, que permite hacer proyectos a largo plazo. Rafael llegó muy alto, muy joven, pero sin acelerar artificialmente el proceso. Hizo las cosas paso a paso, según tocaba. Porque si intentas forzar los pasos demasiado rápido, acabas generando más estrés que progreso.
Y tú mismo has elegido Marratxí para tu proyecto formativo. ¿Qué te llevó a instalarte aquí?
Este lugar me encanta. Estamos en Sa Planera, y tiene esa sensación de pueblo, de espacio cercano. Está un poco apartado, no es un lugar de paso. La gente que viene aquí lo hace expresamente. Eso hace que quien llega sepa exactamente dónde viene y por qué.
Si tuvieras que definir tu filosofía metodológica…
Nuestro sistema parte del aprendizaje a través del error. Hay una frase de Einstein que dice: “Yo no enseño a mis alumnos, solo creo las condiciones para que aprendan.” Eso es exactamente lo que hacemos. Planteamos problemas y dejamos que sean ellos quienes busquen la solución. Si no la encuentran, entonces intervenimos.
No tenemos prisa. Sabemos que el conocimiento que nace de la propia investigación llega mucho más lejos que el que te dan ya digerido. Evidentemente, todo esto va acompañado de disciplina, pero lo más complicado de verdad no es la disciplina, sino el esfuerzo.
¿El esfuerzo?
Sí. La gente confunde esfuerzo con regularidad. El esfuerzo es irregular. Puedes estar dando un 70%, pero en el momento clave eres capaz de dar un 300%. Los grandes jugadores que he conocido no eran siempre los más disciplinados, pero sí los que sabían esforzarse al máximo cuando hacía falta. La disciplina es la base, sí, pero lo que realmente te hace diferente es la capacidad de exigirte todo lo que tienes en el momento decisivo.
¿Qué tipo de alumnos acuden a tu academia?
Este año ha venido mucha gente de la isla, pero hasta ahora prácticamente un 70 % de los jugadores eran de fuera, de todo el mundo. Ahora tenemos un porcentaje mayor de gente de aquí. No queremos crecer más: si queremos mantener la calidad, no podemos masificarnos.
¿Cuál es el error más frecuente de los padres y entrenadores cuando hay una “joven promesa”?
El primer error es pensar que es una joven promesa. Lo que debemos entender es que solo uno de cada 12.000 jugadores llega a ser profesional.
Tienes un método que muchos definirían como muy estoico. No hay lujo ni glamour: hay trabajo y disciplina.
Lo mires como lo mires, el lujo debilita. Hay una frase que me gusta mucho: “Cría a tu hijo como si fueras pobre, aunque seas rico, y tendrás un genio”. Aquí los alumnos desarrollan mucha autosuficiencia. Nuestro planteamiento es una bofetada de realidad, y eso les ayuda a crecer y a plantearse las cosas con más madurez. El fracaso es una base excelente para crear, porque obliga a reflexionar. Si solo ganas, eres débil, porque ganar no exige reflexión: solo se celebra. En el deporte, o ganas o aprendes.
¿Por qué crees que en Mallorca hay este nivel de deportistas de élite en tenis, baloncesto o ciclismo?
El nivel deportivo en Mallorca es brutal, pero los mallorquines no son conscientes de ello. No somos muy espectadores, no somos de llenar estadios, pero sí sabemos gestionar bien los tiempos, con calma y humildad.
Ese sentimiento de tranquilidad creo que es clave. Y también la modestia: que no significa dejar de ver lo que haces bien, sino no convertirlo en bandera y seguir trabajando en lo que debes mejorar. Eso ayuda muchísimo a consolidar proyectos de éxito.



