La Segunda República (1931-1939) fue una etapa de cambio y de conflicto que en Marratxí se vivió con gran intensidad.
Los años de la Segunda República de importantes transformaciones y expectativas de progreso, pero también fueron años de inestabilidad política, como sucedió en la mayor parte de la Europa de entreguerras, y de conflictividad social, consecuencia de la demanda de cambio de los sectores progresistas y la reacción de aquellos que tradicionalmente tenían el poder.

Marratxí no quedó al margen de esta situación y, como ha sido habitual durante su historia, las diferencias también se manifestaron a través de sus núcleos, entre los más antiguos y los más nuevos, entre los más agrarios y los más industriales . En este sentido, ya desde principios de siglo, hay que destacar la presencia de un movimiento asociativo y una organización obrera muy potentes al Pla de na Tesa, el Puente de Inca y Sa Cabaneta, que dieron lugar a la creación de las agrupaciones socialistas de Marratxí y Es Pont d’Inca. A Pòrtol, en cambio, con una economía más agraria y artesanal, la actividad política se redujo a la de los tradicionales caciques del pueblo. Ya durante la República, se creó una agrupación republicana en el café de Can Jaume.

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, afrontadas como un plebiscito sobre la monarquía, las candidaturas republicanas lograron muy buenos resultados en las principales capitales del país. En consecuencia, mientras en las ciudades de todo el Estado se proclamaba la República, el rey Alfonso XIII huyó de España. Esta afirmación republicana no se dio en las zonas rurales, donde el voto estaba condicionado por los caciques locales. Marratxí era un buen ejemplo, ya que en estos comicios resultaron elegidos septiembre liberales, cuatro conservadores y un regionalista. Las elecciones municipales se repitieron el mes de mayo con unos resultados que ponían fin a la tradicional alianza entre comerciantes y propietarios y dibujaban un panorama político más acorde con la realidad del término.

Así, el Ayuntamiento quedó distribuido de la siguiente manera: cinco concejales del Partido Socialista, que ganaron las elecciones; cinco concejales del Partido Republicano de Centro, formación creada por el financiero Juan March a partir del antiguo Partido Liberal; y dos concejales de Derecha Liberal Republicana, el partido del presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. Uno de los dos concejales por este último grupo, Ramon Riba, apoyó a los socialistas, por lo que el líder de la agrupación de Sa Cabaneta, Miquel Oliver Ramis, fue elegido alcalde.

El nuevo gobierno municipal, el primer socialista de la historia de Marratxí, impulsó numerosas iniciativas de reforma. Especialmente, se priorizó la ordenación urbanística de los distintos núcleos y poner fin a las ya abundantes construcciones sin licencia de obras. También promovieron la construcción de escuelas públicas en todos los núcleos, crearon programas para reducir el paro, intentaron reducir los privilegios de la Iglesia, organizaron conferencias sobre salud y civismo y persiguieron el juego ilegal así como el tráfico de armas .

Por otro lado, la oposición no reconoció la legitimidad de la alcaldía socialista y optó por no asistir a las sesiones del pleno, aunque, a veces, algunos concejales acudían a título individual para defender cuestiones que les afectaran personalmente. Esta fue la dinámica habitual entre 1931 y 1933, cuando, en un contexto de dificultades presupuestarias, se produjo una crisis en el gobierno municipal a raíz de la necesidad de crear una plaza de médico y de reconocer los quinquenios al farmacéutico municipal. Aprovechando la división del equipo de gobierno y la ausencia de algunos de sus miembros, los concejales de la oposición, incluido el republicano que venía apoyando al alcalde, regresaron para modificar la hora de los plenos y hacerla coincidir con la jornada laboral, por lo que los concejales socialistas no pudieran asistir.

No se trataba de una acción orientada a conseguir el poder, sino a boicotear los socialistas mediante el bloqueo de las iniciativas y el desgaste. De hecho, el alcalde presentó su dimisión en varias ocasiones y ésta no fue aceptada por el pleno. Finalmente, a consecuencia de los hechos de Asturias de octubre de 1934, el Gobierno de derechas surgido de las elecciones generales de 1933 decretó la suspensión de los concejales socialistas, a pesar de que las revueltas no habían tenido eco en Marratxí.

Antoni Canyelles, que ya había sido alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, sustituyó a Miquel Oliver. Durante su mandato, se detuvieron todos los proyectos iniciados por el anterior equipo de gobierno. Se mantuvo como primer edil hasta la primavera de 1936, cuando con la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero, el alcalde y los concejales socialistas fueron repuestos. La izquierda retomó las iniciativas de la primera etapa, aunque ahora de forma más radical. Sin embargo, el segundo mandato de Oliver sería breve, ya que tras el golpe de estado franquista de julio de 1936, los militares sustituyeron los concejales electos por comisiones gestoras.