Luis Ortas, cineasta: “El cine fue un verdadero cobijo espiritual durante el confinamiento”

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Cineasta, director y productor comprometido y galardonado, emprendedor y amante de su trabajo, Luis Ortas cuenta con una larga trayectoria profesional y una estrecha relación con el municipio de Marratxí. Ha realizado documentales internacionales, como Després de la boira, premio Documental Madrid 2015 y Amour de Vivre, sobre Albert Camus. Entre su filmografía figuran obras tan destacadas como Mauthausen, l’holocaust espanyol, la sèrie Memòria i Oblit d’una guerra, sobre la guerra civil y la postguerra en Baleares; Mar de Fang, sobre el artista Miquel Barceló; La pintora sense rostre, sobre Pilar Montaner y El Regne de Momeràlia, sobre la historia del Palau Solleric y sus habitantes.

¿De dónde viene su pasión por el cine?, ¿cuándo empezó a dirigir?
Para mi es más una enfermedad crónica que una pasión. No lo puedo dejar, no sé hacer otra cosa, mi cabeza solo piensa en historias y planos, luz y sombras. Es un trabajo difícil que te absorbe la vida, siempre me falta tiempo. Esta enfermedad del cine me entró con Star Wars a los 4 años en el cine Born de Palma, que ahora es una tienda de ropa. A los 8 años empecé a hacer películas con mis primos y mis vecinos y desde entonces no he parado. La leyenda familiar dice que somos familia de Casimiro Ortas, uno de los primeros grandes actores del cine mudo en España.

¿Cuál es su relación con el municipio de Marratxí?
Llegué a Marratxí porque la madre de mis hijos tenía su taller de restauración en es Pont d’Inca y como era un espacio muy grande decidimos ir a vivir allí y yo monté mi productora Cinética producciones en el mismo espacio. Llegamos en 2005 y mis dos hijos nacieron en la misma casa.

Usted fue fundador y primer presidente de la Asociación de Cineastas de Baleares y ha repetido posteriormente en el cargo, ¿cuál es la situación actual del sector a nivel local?, ¿cómo les han afectado los meses de confinamiento?
Fundé la ACIB para que hubiera intercambio entre todos los directores de cine de Baleares y para reivindicar más implicación de las instituciones. Lo que hemos conseguido en 14 años es increíble. Ahora el cine está en la agenda del Govern y del Consell, nos falta más implicación de los ayuntamientos, que deberían entrar en temas de formación y exhibición. Tenemos muchísimo talento en las Islas, Daniel Monzón, Agustí Villaronga, David Marqués que hizo el guión de Campeones, Toni Bestard y también muchas directoras: Marga Melià, Marta Hierro, Elisabeth Moll… en la Asociación somos unos 45 directores, hace tres años que ganamos o tenemos representación en los Goya.
Ahora son tiempos difíciles para todos, pero creo que cuando la gente estuvo confinada sin poder salir de su casa el cine fue un verdadero cobijo espiritual. Se consumió más audiovisual que nunca. El problema es que el 80% del cine es norteamericano y poco a poco vamos perdiendo nuestras raíces. Nuestra cultura y nuestro territorio es lo que nos da sentido para tener nuestro lugar dentro del mundo, diferenciado del resto del planeta y no acabar siendo Disneyland.

-Este año las algarrobas se han cotizado más que nunca y usted acaba de rodar un documental sobre Sa Refinadora, un emblema industrial para el municipio de Marratxí, ¿cómo está planteado el documental?, ¿qué aspectos destacaría del trabajo hecho y qué es lo que más le interesa de la historia de esta factoría, que llegó a tener 200 trabajadores?
Primero de todo quiero explicar que el documental ha sido un trabajo de equipo y que sin la ayuda de Maribel Valencia y Bel Bestard no hubiera sido posible. Ellas consiguieron contactar con la gente de es Pont d’Inca que había trabajado allí. Nuestro primer objetivo era documentar lo que había sido sa Garrovera y guardar lo que quedaba de memoria visual y oral antes del gran cambio que plantea el Ayuntamiento. Después quería contar lo que ha sido es Pont d’Inca en el pasado, la vida que dio la fábrica al pueblo. Es importante saber de dónde venimos. Mi opinión es que se ha perdido la vida de pueblo que había antes, con su cine, las fábricas, las bodegas, el tranvía hacia Palma, Son Bonet… Es Pont d’Inca era un espacio de modernidad y vanguardia tecnológica e industrial, un motor de creación de riqueza y un espacio de recreo. Hemos perdido esto y lo tenemos que recuperar. En es Pont d’Inca viven personas extraordinarias, creativas, cosmopolitas, pero nos falta el punto de encuentro para que esto tome vida. Lo que el documental quiere contar es que la transformación de la fábrica puede ser este ágora que necesitamos.

-En qué proyectos está trabajando actualmente?
Estoy trabajando sobre un documental de los presos franceses de Cabrera y en un largometraje de ficción basado en la leyenda de na Maria Enganxa. Me gustaría dar vida y actualizar la cultura popular mallorquina transformada en filmes de género: terror, piratas, dramas románticos… tenemos un imaginario local muy potente pero la gente joven no lo conoce y se debe actualizar en narrativas actuales porque lleguen y continúen estando vivas.

-Acabamos de leer en la prensa el anuncio de la creación del Illes Balears Film Festivals, que reunirá 14 festivales cinematográficos de esta comunidad, ¿cómo valora esta iniciativa?

Muy positiva, estaba empezando a haber demasiados festivales y deben organizarse para no pisarse y hacer una tarea común de crear y educar al público.

-Y ya para terminar, incluso los que ya tenemos una edad no habíamos vivido una situación como la que estamos sufriendo con una pandemia que ya contabiliza un millón de muertes en el mundo, ¿piensa que nos hará reflexionar sobre la fragilidad humana y la necesidad de cohesión frente a un enemigo común tan letal?

Ya me gustaría que esto pasara, pero a los humanos nos falta inteligencia y memoria. Por naturaleza vivimos el momento y siempre buscamos la situación más cómoda. De ahí la importancia de la cultura. Después de la segunda guerra mundial, los campos de concentración y la bomba atómica se pensaba que tenía que cambiar la forma de gobernar el planeta. Se creó la ONU pero después comenzó la guerra fría y se aceptó que la España de Franco entrase en esta institución. Hay demasiada hipocresía. Ahora hacemos lo mismo con Putin y Erdogan, miramos a otra parte, por no hablar de Trump. Yo tengo miedo de que la crisis del Covid acabe con Europa y sus valores, como dice el filósofo Slavoj Žižek. Sólo nos queda luchar por mantener y fortalecer los valores de una Europa democrática, social y laica, que mantenga un sistema sanitario como el que tenemos y lo mejore, pero si no se defiende todo caerá. Y la conciencia para defender todo eso que ya tenemos sólo se puede conseguir con la reflexión inteligente, el debate y la crítica, es decir, con la cultura, que es tan importante como la sanidad