Los ceramistas de Marratxí ante la pandemia

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Los artesanos del fang se han visto duramente golpeados por la bajada drástica de turistas y la anulación de las ferias, los dos puntales de su negocio que les ha impedido celebrar ferias artesanas, lo que ha penalizado gravemente las ventas. «Otro año como este 2020 y no sé si cerraríamos pero sí sufriremos, explica Toni Mesquida, propietario de Can Vent, que cuenta que en marzo de 2020 sufrieron un golpe muy importante con el Covid-19 y que una vez entregadas los pedidos pendientes» estuvimos varios meses sin hacer nada, a cero, y ahora parece que ha comenzado a repuntar «.


Los propietarios de Can Vent cuentan que sus clientes son gente particular que acude a las ferias y mercados municipales, además de algunas tiendas que les compran parte de la producción, pero si las tiendas están cerradas o no vienen turistas caen a plomo las ventas.
La propietaria de Can Bernardí, Elionor Amengual, también reconoce que han sufrido un fuerte descenso de ventas. Sin embargo, explica que «vamos haciendo cositas pero no con hoteles y restaurantes. Lo que sí ha aumentado es la venta minorista, muy personalizada con fotos y dibujos propios «.

Ante esta situación Can Bernardí ha apostado con fuerza por las redes sociales para encontrar nuevos clientes, de gente más joven que no quiere un producto estándar sino que busca algo propio, diferente y artesanal. Elionor Amengual cuenta que las redes sociales como Pinterest le han servido para llegar a nuevos clientes que descubren sus productos y se dan cuenta que las alfarerías también hacen cosas modernas. «Las alfarerías estamos catalogadas de clásicas, de productos de color marrón, pero ahora les gustan más los colores, los dibujos. Los clientes buscan la autenticidad, que se vean los dedos en el barro, no quieren el made in China, quieren un producto artesanal, no industrial «.


Una situación diferente vive la Gerreria Pere Coll que asegura que continúan recibiendo encargos de particulares, de hoteles y restaurantes. «Nosotros hacemos cosas diferentes de todos los demás, más arriesgadas y ambiciosas. Hacemos de todo, no sólo vasos, greixoneres o platos, también elaboramos apliques, lámparas, grandes jarras «, explica Pere Coll

La Gerreria Pere Coll ha conseguido mantener la tradición artesanal pero dando un paso más allá, con productos más arriesgados, lo que le ha permitido crear un producto de valor añadido, con un estilo distintivo que ha sido reconocido a nivel nacional e internacional por clientes que valoran la cerámica, lo que ha evitado que la pandemia afectara a su negocio.


Coloma Canyelles, propietaria de Ca Madó Bet dels siurells, reconoce que a pesar de la fuerte caída de ventas de este año ahora están un poco mejor que en los últimos meses y que tienen pedidos de cara a Navidad. La apuesta por redes sociales como Instagram y Facebook junto con la renovación de la página web ha funcionado como complemento a la venta tradicional en tiendas, admite Coloma Canyelles, tercera generación de la siurellería más antigua de Mallorca.

Coloma Canyelles reclama a las administraciones que lo más cnecesario ahora es «darnos a conocer, potenciar las visitas y promocionar la ruta del Fang». Canyelles explica que han recurrido a los mercados virtuales y a los talleres como salida ante la bajada de turistas y de los pedidos de las tiendas. «Hacemos un xiurell, lo blanqueamos, explicamos la historia de los siurells y acabamos con una visita al Museu de Fang para que conozcan y aprecien el mundo de la cerámica».


Elionor Amengual también admite que aplicaciones como whatsapp le han servido para llegar a nuevos nichos. «A los clientes les gusta seguir la evolución de los pedidos viendo las fotos y hacer cambios sobre la marcha». La propietaria de Can Bernadí reclama más ayuda y facilidades para las alfarerías. “Tienes que cumplir muchos requisitos y encargar todo a un gestor no vale la pena porque no sale a cuenta, deberían ser ayudas más accesibles». Un aspecto en que coinciden otros alfareros que echan de menos más agilidad y menos burocracia para recibir estas ayudas y que sirvan para proteger un sector tradicional que representa como pocos la identidad de Marratxí «.