Eusèbia Rayó lleva más de dos años como Defensora de la Ciudadanía de Marratxí, una figura independiente que sirve de puente entre los ciudadanos y el Consistorio. Rayó invita a los ciudadanos a utilizar este servicio que resuelve el 75% de sus consultas. En su vertiente como historiadora y escritora, Rayó reflexiona sobre cómo ha influido el confinamiento en los creadores y nos avanza parte de la investigación histórica que está realizando sobre la violencia de género en las Islas Baleares desde la Edad Media.


¿Qué valoración hace de su labor como Defensora de la Ciudadanía de Marratxí durante los dos años que lleva en el cargo?


Creo que en conjunto la tarea ha sido positiva porque he ayudado a resolver y he encarrilado consultas y solicitudes. Estoy contenta porque el año pasado se pudieron solventar más de un 75% de las consultas. Y luego hay otras que no tienen solución o que incluso escapan a las funciones del Ayuntamiento.


¿Sobre qué asuntos reclaman los ciudadanos?


Sobre todo cuestiones de Medio Ambiente, de desechos o basura que deja la gente en la calle a pesar de contar con un sistema de recogida. También les preocupa bastante el llamado turismo de residuos, la gente que viene de otros municipios a dejar la basura en Marratxí.


¿Cuándo acuden a la Defensora venden directamente o ya han reclamado previamente?


Normalmente ya han reclamado por otras vías y no han tenido respuesta satisfactoria o no les han respondido. Siempre digo que la administración debe esforzarse en responder. Pero hay gente que viene directamente y yo intento que vayan por la vía que toca y si no tienen una solución o respuesta, entonces sí que asumo yo el tema.

¿Por qué cree que es importante la figura de Defensora de la Ciudadanía?


Veo esta figura como una forma de mostrar la cara amable de la administración. También sirve de orientación porque cuando uno va a la administración, y yo he sido funcionaria durante cuarenta años, es un laberinto. Además, le hablan en un idioma que casi no entiende, es un lenguaje administrativo que es diferente al lenguaje habitual y te encuentras muy desorientado cuando vas a hacer una gestión. A veces hay gente que no sabe expresarse bien y si se encuentra con alguien que le escucha, que intenta adivinar lo que quiere, es positivo. Somos como un mediador que explica que hay una norma, que se deben seguir unos pasos, porque a veces la administración es mala de entender dentro de su normativa.


¿En qué estado de ánimo llega la gente que se dirige a la Defensora?


La mayoría de las veces ya vienen enfadados, están rebotados porque no se les ha hecho caso y no saben qué hacer. Pero también hay gente que quiere que le digas lo que quieren oír, y en ocasiones no es posible porque no tienen razón, lo diga un funcionario o lo diga yo.


¿Cómo ha sido el balance del año 2020?

Este año ha habido una veintena de casos, menos que en 2019, que hubo veintinueve, porque el confinamiento y el efecto pandemia ha influido. La gente tiene problemas muy graves, económicos y sociales, y si vienen es porque es algo imprescindible.


¿Cuánto tiempo se tarda de media en resolver las consultas?

Es muy variable. Hay cosas muy sencillas, desde una gestión que se puede solucionar en dos horas o en un par de días a otras que se prolongan más de dos años. Es el caso de quejas de ciudadanos que quieren ir a nadar en las piscinas del IME en Palma. Está pendiente de un convenio donde intervienen dos organismos, Ayuntamiento de Marratxí y el de Palma, que deben ponerse de acuerdo. Además, la pandemia lo ha retrasado todo muchísimo. Ahora, entre febrero y marzo, podría estar solucionado.


¿Cómo responde la administración a sus peticiones?

En general responde bastante bien, no me he encontrado con nadie que se haya negado a colaborar, al contrario, en general responden muy bien.

Medio Ambiente, Deportes y Urbanismo suponen las principales consultas de la Defensora, ¿nos puede poner un ejemplo?


Hay muchas cosas de Urbanismo porque hay cosas ilegales. El año pasado hubo quejas de los vecinos por la demolición del restaurante Tío Pepe de Marratxí que compró Amadip porque las obras levantaron mucho polvo y los vecinos se quejaban mucho. Además, a menudo la gente se queja porque no les dejan hacer obras pero a veces te piden cosas que son ilegales.

¿Considera que es conocida entre los marratxiners la figura de la Defensora de la Ciudadanía?


Creo que hay mucha gente que desconoce esta figura a pesar de que se ha hecho publicidad. También hay gente que prefiere hacer pataletas por Facebook antes que ir a buscar una solución. Y además cuando deben rellenar una instancia ya no les va bien. Hay un procedimiento que cumplir, pero este año con la pandemia hemos tratado de solucionar muchas cosas por correo electrónico para evitar desplazamientos.

¿Puede explicar a los ciudadanos para qué le puede ser de utilidad la Defensora de la Ciudadanía?


Primero le escucharé con calma, después le orientaré y me encargaré directamente de su caso. Como mínimo, será atendido y personalmente haré todo lo que pueda para solucionarlo pero no tengo una varita mágica, no puedo resolver nada pero sí puedo hacer de puente entre el administrado y la administración.


Hablando en su vertiente creativa e intelectual, ¿en qué trabaja actualmente?

Hace seis o siete años que estoy haciendo una investigación histórica sobre la violencia de género en las Islas Baleares desde la Edad Media. Es una tarea muy laboriosa, porque he ido al archivo del Reino de Mallorca, al Diocesano y los de Manacor, Santa María y Ibiza. Este año seguiré con los archivos de Esporles, Binissalem y Menorca. Es difícil porque hay documentos en latín o catalán antiguo, y a veces no están en buen estado.


¿Qué nos puede adelantar de su investigación?


La violencia machista ha existido siempre, disimulada, incluso hay sentencias en las que te encuentras que dicen textualmente al hombre que no maltrate a la mujer, a excepción de la natural corrección marital, es decir, que la mujer estaba sujeta a que el hombre la corrigiera.


¿Son los confinamientos propicios para los creadores e intelectuales?


Creo que sí, pero también he hablado con gente que me dice que no puede hacer nada. Yo, porque hago una investigación ya iniciada, pero he encontrado creadores que sí han aprovechado el tiempo y otros que me cuentan que han tenido un bloqueo.


Usted ha escrito sobre las reinas de Mallorca, mujeres que han estado detrás de sus hombres, ¿encuentra que estas mujeres han sido arrinconadas?


En general estaban arrinconadas, pero alguna ha despuntado, por ejemplo Violante de Hungría, la mujer de Jaime I, fue una mujer que le ayudó y le asesoró mucho con la toma de Valencia, pero son casos excepcionales, la mayoría eran mujeres reproductoras.
Resaltaría el papel jugado por alguna reina en concreto, alguna que merezca profundizar en su figura. Violante de Hungría era la que tenía más carisma. Y de Mallorca, destacaría a n’Esclarmonda de Foix, la mujer de Jaime II, creo que bajo mano hacía cosas porque encuentras documentos que dicen que Jaime II se peleó con un pariente suyo por temas de vasallaje y ella hizo una cena, los reunió y se compusieron, así que algo tuvo que hacer.


¿Cómo ve la influencia de las nuevas tecnologías y de las redes sociales en los hábitos de lectura?

Leer siempre ha sido minoritario, no hay que engañarse. Cuando yo era niña, la única que leía era yo porque venía de una familia lectora. Luego vino una época que parecía que había más interés y ahora es una competencia tan fuerte entre Twitter, Facebook, Tik-Tok y Whatsapp y no sé cuantas cosas más que se hace difícil conseguir lectores. Además, todas esas redes aportan una una gratificación inmediata mientras que leer requiere un silencio, un esfuerzo, una comprensión, y claro, es más fácil la otra alternativa. Es una pena y me gustaría animar a la gente a leer porque no saben lo que se pierden. También creo que en estos momentos de pandemia y confinamiento se ha defendido mucho mejor la gente a la que les gustaba leer o escribir que el resto, que estaba más acostumbrada a ir a los bares y restaurantes, a tener una vida más externa, y esta gente creo que lo ha pasado mucho peor.