Belenes de Marratxí

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Miquel Verdera hace años que monta su belén artesanal. Primero lo hacía en su casa, pero este año lo ha instalado por primera vez en la residencia de Son Caulelles, abierta el pasado mes de octubre. Desde las 10 hasta las 18 horas todo el mundo pudo acercarse hasta la residencia pública para verlo. Se trata de un belén hecho con materiales reciclados.

Miquel explica que en su belén de veinte metros cuadrados hay un ambiente de día y otro de noche. “Hay figuras nuestras, figuras antiguas y figuras nuevas. Y todo repintado con un mismo estilo de cómic, muy alegre y con mucho de color”.

Verdera cuenta que se trata de un belén ecléctico y muy sentimental que ha tardado un mes en tenerlo terminado. “Teníamos cosas de una tía de mi madrina y he ido integrando piezas nuevas: casetas, un sembrado, una casa amueblada donde hay un cuadro que es un sello de cartas que mi padre nos enviaba cuando emigró a Argentina”.

El belén tiene un carácter ecológico con piedra, madera y piezas de barro. Empezaron a montar el belén hace ocho años. Lo hacían en la casa de su padre donde la gente podía visitarlo. “Mi padre estaba enfermo y solo de ver la casa llena y tanta gente estaba contento”. Este año lo han expuesto por primera vez de forma pública, en la residencia de Son Caulelles. “Mi padre murió hace medio año y todavía estoy de luto, este año no tenía muchas ganas de hacerlo, pero viendo cómo ha quedado y la gente que lo está visitando, estoy contento y se lo quiero dedicar a él”.

Es un belén mallorquín ambientado en Marratxí con las casas de Portol y Sa Cabaneta, donde hay los pimientos colgados en las fachadas como se hacía antiguamente, y también hay una ollería. “Todo el mundo está encantado con el belén, te dan la enhorabuena. Hay sillas donde la gente mayor puede sentarse y mirar”.

En el belén de Verdera hay un carro lechero, los pimientos colgados, las ollerías o la tradición de buscar el fraile, cuando los niños jugaban a intentar esconderlo y el juego consistía en encontrarlo”, explica Verdera.

Este año ha ampliado la ollería y ha hecho un torrente que lleva agua, además de un par de casetas nuevas. Verdera explica que durante el año va recogiendo materiales como hojas de olivos, plumas de gaviotas, esponjas del mar o elementos naturales. “Es un belén para todas las edades. Los niños lo disfrutan, pero la gente mayor todavía lo vive más porque ven muchos oficios y herramientas que han desaparecido”, concluye Miquel Verdera.

Belén de Portol

En Portol encontramos el belén creado por la Cofradía de la Virgen María del Carmen. Hace once años que lo instalan. Trabajan durante siete meses al año. Empiezan por abril a fabricar casetas, márgenes, árboles, casas, y todo lo necesario. Por el verano descansan y retoman el trabajo en el mes de septiembre. En noviembre lo empiezan a montar, un trabajo que les lleva un mes entero, puesto que se trata de un belén de treinta y cinco metros cuadrados. “Reproducimos casas típicas mallorquinas, casas de Portol y también hemos reproducido el convento de Ca Ses Monges y la ollería de Can Vent”.

Las cuatro personas que colaboran de forma más activa se muestran muy contentos del trabajo hecho y reconocen que es “una satisfacción personal” recibir tantas visitas año tras año porque la gente “lo admira y lo valora”, reconoce Juan Pedro Bonaque.