TREINTA AÑOS DESPUÉS: FEBRERO DE 1990 A MARRATXÍ

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Recalificaciones, megaproyectos, chalets y urbanizaciones, un alcalde condenado, carne putrefacta, servicios básicos que no llegan y otros que llegan de esa manera. Recordamos que pasaba en Marratxí justo hace ahora treinta años.

En febrero de 1990, Marratxí tenía 11.000 habitantes y 5.537 construcciones destinadas a vivienda, menos de un tercio de las actuales. Precisamente ese mes, la actualidad local estaba relacionada con las políticas urbanísticas, ya que los años noventa comenzaron con la condena a seis años y un día de inhabilitación del entonces alcalde Guillem Vidal. El PSOE denunció por prevaricación y falsificación documental por la legalización de las obras de un chalet a nombre de su esposa. El Tribunal Superior de Justicia de les Illes Balears le absolvió de estos cargos, pero lo condenó por irregularidades administrativas.

La sentencia tuvo eco a escala autonómica ya que Vidal, además de alcalde, también era diputado, vicepresidente del Consell de Mallorca y secretario general de Unió Mallorquina. Los diferentes medios de la época pusieron de manifiesto la existencia de interpretaciones distintas sobre la decisión del Tribunal, en línea con el espacio político en el que se situaban. Diario de Mallorca consideraba ejemplar la sentencia, pero añadía «Y que no se queje por los seis años de inhabilitaciones, porque en otras latitudes democráticas penas y condena hubieran sido superiores». En cambio, en Ultima Hora Planas Sanmartí consideraba que la condena era exagerada y criticaba a los socialistas por no ser tan contundentes con casos similares de miembros de su partido.

En el pleno de ese mes, bastante conflictivo por cierto, los socialistas de Marratxí -encabezados por el futuro alcalde Martí Serra- presentaron una moción de reprobación contra Vidal, que no salió aprobada. Además de la cuestión de la sentencia, el PSOE hacía una enmienda a la totalidad del mandato de Vidal y le responsabilizaba de otras problemáticas municipales. Entre ellas, citaban las irregularidades detectadas en el matadero CARMA, en la carretera de Inca. La empresa, además de conflictos con la Inspección de Trabajo, hacía tiempo que era denunciada por la quema de restos orgánicos, que producían malos olores que se extendían por el aire de Cas Capità, Es Pla de na Tesa y Es Pont d’Inca Nou. En 1989, los vecinos de estas localidades ya habían organizado protestas e, incluso, llegaron a cortar la carretera, pero en febrero de 1990 la cuestión volvió a ser noticia porque la Associació de Veïnats d’Es Pla de na Tesa se reunió con el conseller de Sanidad y obtuvo tanto su compromiso como el del Ayuntamiento de intervenir para encontrar una solución.

También se presentó un proyecto para la construcción de un campo de golf en terrenos de la posesión de Son Verí, que generó distintas reacciones: unos veían el beneficio económico mientras que otros observaban posibles perjuicios para el municipio, como la destrucción del territorio o el consumo de agua. La propuesta no fue a más, pero fue uno más de los grandes proyectos que se plantearon durante aquellos años, como el cementerio privado del Bon Sosec, los centros comerciales de Alcampo y Festival Park o, sin ejecutarse finalmente, la nueva prisión de Palma. También en materia urbanística, se acabaron de asfaltar las calles de la urbanización de Son Caulelles y fue aprobada la de Son Ramonell.

Con todo, el crecimiento vertiginoso que experimentaba Marratxí y que iría a más durante los años siguientes no fue acompañado de nuevos servicios públicos o, al menos, estos fueron llegando a un ritmo mucho menor. Los vecinos de Pòrtol llevaban años reivindicando una farmacia como los otros núcleos, pero aún tardaría unos meses en llegar; la atención sanitaria se reducía a un sencillo dispensarios a la espera de la inauguración del nuevo centro de salud en el polígono, que -con las obras paralizadas- no se inauguraría hasta 1992; y, si bien en los ochenta se construyeron dos nuevas escuelas en Pòrtol y Es Pont d’Inca Nou, ya se hablaba de la necesidad de un instituto de secundaria que, aprobado en 1988, no empezaría a funcionar hasta 2002.

Otra noticia fue la desacertada decisión de los operarios de GESA y Telefónica de renovar el cableado de algunas calles de Pòrtol y Sa Cabaneta plantando palos en medio de las aceras y colgando los cables en las fachadas, cuando las ordenanzas municipales indicaban que debían ir soterrados. También destacaba la inauguración de la peluquería Ses Rotes en la calle Mallorca de Pòrtol o la exposición de pintura y escultura en la Banca March de Manacor del artista local Juan Francisco Canyelles.

Y así, febrero de 1990 llegó a su fin, pero continuaron las disputas e intrigas políticas derivadas de la sentencia a Guillem Vidal, así como el crecimiento urbanístico, aunque a corto plazo todos tenían la vista puesta en la celebración de la VII ‘Fira del Fang’, ya durante el mes de marzo.

Martín Rotger. Historiador.