LAS TETERAS Y LOS CUENCOS, DE ORIENTE A MARRATXÍ

63

El mundo del té, con todo el ritual que conlleva y que nos llega a través de la tradición oriental -principalmente de Japón, China y Corea-, también tiene su incidencia sobre la cerámica: concretamente a la hora de hacer las teteras y los cuencos (chavvan, en japonés). Sin ir más lejos, en la Escuela de Cerámica de Marratxí, cuyo director es Joan Pere Català, este verano ha habido un curso monográfico, con muy buena respuesta de participación e impartido por el gran maestro catalán Ramon Fort.

Uno de los alfareros del municipio respecto teteras y cuencos es Toni Vich, director del Museu del Fang y ceramista de cuarta generación en su familia. Explica que comenzó a hacer teteras y utensilios vinculados al té hace una docena de años, más por impulso personal que por necesidad de negocio, según confiesa.

Sea como sea, para Vich, hacer teteras y cuencos no es un trabajo fácil. «Pero yo soy perfeccionista, y siempre me han gustado los retos difíciles», aclara. Una tetera se compone de cuatro partes: el cuerpo, el pico, la tapa y las asas, siempre con el gres como base en el caso de las teteras de Vich. «Estas cuatro partes se hacen por separado en el torno, y luego se deben unir manualmente, por lo que el conjunto quede armónico, bien proporcionado de pesos y de formas. Una vez articuladas las piezas, las pinto parcialmente con el esmalte que obtengo de fundir tierra a unos 1.280 y que dan como resultado tonos marrones o marrones verdosos”.