Álvaro Vigara (voz y teclados), Bernat Amengual (batería), Pablo Debaecker (guitarra) y Camilo Salom (bajo) forman Komodo García, una banda indie pop de Marratxí que ha convertido la amistad, la ironía y cierta nostalgia generacional en materia musical. Con referencias que van de Parcels a Rufus T. Firefly, el grupo ha construido un sonido luminoso y reconocible. Tras publicar Antes de las seis y Septiembre, ha dado un salto con su reciente actuación en el Mallorca Live Festival.
¿Qué supone para vosotros formar parte del cartel del Mallorca Live Festival.?
Es una de esas cosas que, cuando pasan, no te las acabas de creer del todo. El Mallorca Live es un festival que hemos seguido muchas veces como público y, de repente, estar al otro lado tiene algo muy fuerte. Para nosotros no ha sido un concierto más, sino una validación de todo el camino que llevamos recorriendo desde 2022. Hacerlo en casa, delante de gente que nos conoce, no tiene precio.
Si echáis la vista atrás, desde los primeros ensayos en Marratxí hasta hoy, ¿qué significa llegar a un escenario como este?
Lo especial de Komodo García no empieza solo en los primeros ensayos. Viene de mucho antes. Éramos los frikis de clase que escuchaban música rara, con pintas raras y un humor bastante particular. La música ya nos hacía sentir parte de algo. Desde entonces han pasado proyectos, intentos y etapas. Llegar ahora al Mallorca Live nos pilla con más madurez musical y muchísimas ganas.
¿Cómo surgió la banda?
Pablo y Berny ya se conocían desde educación infantil. Después vinieron primaria, secundaria, bachillerato, los primeros amores y desamores, las primeras fiestas, trabajos, éxitos y batacazos. Cada uno tenía una vida musical paralela: Pablo es profesor de música, Álvaro pasó catorce años en el conservatorio y Berny es técnico de sonido. No sabemos por qué no se nos ocurrió antes. Quizá cada uno iba por su lado y, en un momento de desencanto común, apareció Komodo García.
El nombre del grupo es singular. ¿Por qué Komodo García?
Nos hacía ilusión que sonara como el nombre de una persona. Queríamos algo añejo, castizo, pero con un punto aleatorio. García es un apellido común para algunos de nosotros y también uno de los más frecuentes de España. Tenía que estar ahí. Además, estábamos enganchados a un vídeo de un niño que decía que amaba a los dragones de Komodo. Nos lo sabíamos de memoria. Alguien dijo Komodo García y se hizo un silencio. Ahí quedó.


¿Qué papel ha jugado Marratxí en vuestra historia?
Todos hemos vivido, crecido y estudiado aquí. Tenemos recuerdos imborrables de La Salle Pont d’Inca, y eso nos genera una nostalgia fuerte. Esa nostalgia aparece en canciones donde echamos de menos aquella época y miramos alrededor con la sensación de que ahora todo es más difícil. Todo: no solo la música.
No fuimos chavales especialmente de calle. Éramos más de hablar por chat de voz mientras jugábamos cada uno en su casa. También recordamos las tardes en casa de Berny, el único con piscina. Allí aparecían guitarras, batería e hilos musicales muy de nicho. Nos acordamos mucho de la fiebre que nos entró con Alt-J, hace unos trece o catorce años. Son momentos que ya no volverán, pero que siguen siendo valiosos.
Muchos músicos jóvenes hablan de las dificultades para encontrar espacios donde ensayar y crecer. ¿Cómo ha sido vuestra experiencia?
Encontrar un lugar para ensayar siempre es difícil, más aún si no tienes cierta soltura económica. Quedan los garajes o alguna caseta donde no molestes demasiado. Sabemos que ahora hay locales en Marratxí a precios asequibles gestionados por Espai Jove, y eso es genial y necesario para generar tejido. Cuando empezamos, no existía.
Nosotros arrancamos cerca de Son Ametller, en una caseta mejorable que nos dejaban a cambio de pintarla. Después se liberó un local en Es Gremi y, compartiendo gastos con otras bandas, pudimos pagarlo. Seguimos allí: es un ecosistema especial, aunque implica un gasto fijo importante.

Vuestra música combina influencias diversas. ¿Qué artistas han sido importantes?
La lista cambia según lo que estemos escuchando, pero diríamos Parcels, Rufus T. Firefly, Vera Fauna, The 1975, Jungle o Bandalos Chinos. Nos atraen los proyectos con un estilo marcado, cuando se nota naturalidad. Entonces buceamos en lo que hacen para observar su evolución y empaparnos.
¿Dónde os gustaría que estuviera Komodo García dentro de cinco años?
Nos gustaría llenar salas por todo el territorio español, poder dedicarnos en cuerpo y alma al proyecto y seguir disfrutando como mínimo tanto como ahora cuando tocamos. Hemos trabajado estos años para que Komodo García sea una tanqueta que avanza de manera segura. Queremos publicar discos que importen de verdad, que la gente los escuche y sienta que hay algo ahí.


