“Después de años aún se acuerdan de nosotros; eso no tiene precio”
El grupo de teatro de sa Cabaneta prepara su regreso a los escenarios después de más de treinta años de inactividad. La iniciativa nace con la voluntad de volver a estar presentes en las celebraciones y en la vida cultural cotidiana del pueblo. A finales de este mes de abril, el grupo se formalizará e iniciará la búsqueda de nuevas incorporaciones, un paso decidido tras el éxito de la representación de El Davallament, recuperada 26 años después. Si se consigue un número suficiente de voluntarios, el grupo espera estrenar una comedia para las fiestas de sa Cabaneta.
Grup Mitjorn, los inicios
A pesar de una larga trayectoria iniciada a finales de los años setenta, su historia se conserva sobre todo en la memoria de sus miembros, que en la actualidad son Marçal y Bel Palou, Mateu Mulet, y Catalina y Magdalena, conocidas popularmente como las “Titas”. Según recuerdan, fueron pilares de la agrupación Joan Pisà, Guiem Roig, Marga Gayà y Xisco Tomàs, “que nos dejaron demasiado pronto” y que todavía hoy forman parte esencial del recuerdo colectivo.
Al principio el grupo teatral era conocido como Grup Mitjorn de sa Cabaneta. Desde que comenzaron a actuar, en junio de 1978, ya representaban comedias mallorquinas. Un año después, la obra L’amo de Son Magraner fue un punto de inflexión “porque cobramos por primera vez y pudimos pagar unos decorados”, asegura Marçal Palou. Aquel momento marcó el inicio de una trayectoria que se alargaría durante más de una década, hasta 1992.
Se trataba de un grupo de jóvenes del pueblo, sin una estructura formal ni formación específica en teatro. “Éramos un grupo no muy amplio de jóvenes que íbamos haciendo. No teníamos director ni nadie que nos enseñara, pero nos lo pasábamos muy bien, y eso era lo importante”, explica.

La mayor parte de las obras las realizaron en la veintena, aunque habían empezado aún más jóvenes. Así lo recuerda Bel Palou: “Éramos un grupo de chicas de 14 años que empezamos en el salón parroquial. Después, en Es Club d’Es Campet, centro neurálgico de la juventud, empezamos a hacer comedias con Els calçons de mestre Lluc, obra de Bartomeu Ferrà”.
El periodo más intenso del grupo fue en los años ochenta; “cada año intentábamos hacer al menos un montaje”, afirma Marçal Palou. Todo funcionaba de manera informal, pero con mucha implicación. La chispa inicial continuó gracias a la frenética actividad cultural de asociaciones de sa Cabaneta: el club de esplai mencionado, la asociación de vecinos, la de personas mayores y la de ,mestresses de casa. “Todos colaboraban y hacían cosas en común”, afirma Bel.
Hacer teatro en aquel momento implicaba mucho trabajo. En el pueblo no había espacios adecuados, así que las representaciones se hacían al aire libre, sobre todo en verano y coincidiendo con las fiestas patronales. A pesar del esfuerzo, lo recuerdan como una etapa intensamente vivida y muy divertida. “Podíamos llegar a casa a las tres o cuatro de la madrugada después de desmontar el decorado”, recuerda Palou.
El grupo no solo actuaba en sa Cabaneta, en Sant Marçal o en Lloret, ya que durante el verano “giraban” por las fiestas de Moscari y Esporles, llegando a hacer hasta once representaciones de una misma obra. “Personalmente fue una época muy feliz. Después de años aún se acuerdan de nosotros; eso no tiene precio”, afirma Catalina, que reconoce que le habría hecho mucha ilusión poder actuar en un teatro o auditorio del municipio. Bel coincide y añade que “la experiencia fue muy enriquecedora; éramos un grupo de amigos que aún perdura. En el grupo de teatro llegamos a ser diez o doce, y participó muchísima gente, como por ejemplo en L’Adoració dels Reis, que tiene hasta 25 personajes”.
Un repertorio con sabor local
La comedia costumbrista caracterizó sus representaciones. Entre los títulos que recuerdan se encuentran las obras de Joan Mas Un senyor damunt un ruc, Molta feina i pocs doblers y Sa padrina, además de Virgo Potens, de Andreu Homer, y A mi que me registrin, escrita por el propio Marçal Palou. Esta última fue precisamente la última obra representada como grupo en 1992, aunque en el verano de 1997 regresaron con un pregón escenificado muy vinculado a la memoria colectiva: “Lo montamos como sketches de escenas de nuestra infancia: la fábrica de licores de Can Pere, el molino, ca ses monges… Fue muy bonito”, asegura.
En los años noventa, el grupo intentó evolucionar con un cambio de nombre hacia un formato de taller de teatro, pero este proceso, con los miembros ya entrando en la treintena, coincidió con el inicio del declive. Las nuevas responsabilidades personales dificultaron la continuidad del grupo, que se fue disolviendo de forma progresiva.
“Uno de los principales problemas siempre ha sido encontrar gente dispuesta a implicarse en todas las facetas del teatro, especialmente en la actuación”, aseguran. Con los años, el grupo original se ha reducido por la pérdida de figuras clave y la falta de relevo, “y actualmente es difícil sacar adelante proyectos sin un equipo amplio que se encargue de la escenografía, el vestuario, la luz y el sonido”, explican.
Ya con el grupo disuelto, en el año 2000 se llevó a cabo la primera representación de El Davallament, con un grupo más heterogéneo formado por otra gente del pueblo. “Al final fuimos una veintena entre actores y montaje”, continúa Palou.
En 2001 cerraron definitivamente su actividad con L’Adoració dels Reis, el acto sacramental de Llorenç Moyà, ya con la participación de los hijos e hijas de los componentes haciendo de pastorcillos, angelitos y el Niño Jesús. Gracias al apoyo del Ayuntamiento, esta representación se realizó dos veces al año durante los años noventa, alternando los núcleos de Pòrtol o sa Cabaneta y es Pla de na Tesa o es Pont d’Inca.


Volver a empezar
La iniciativa de regresar ha surgido de manera natural entre este grupo de amigos que ahora ya están en edad de jubilación y quieren animar a gente más joven. Según Marçal, “la experiencia de retomar El Davallament ha sido emocionante y ha permitido crear un grupo nuevo con gente que no había trabajado nunca junta”. Como dice Bel: “Ha sido satisfactorio para todos. No sé si nos será fácil encontrar gente, pero lo intentaremos. Si para septiembre hemos conseguido hacer una obra y después los Reyes, me daré por muy satisfecha”.
Actualmente, el grupo hace un llamamiento para reactivar el teatro como una forma de recuperar dinamismo cultural, aprovechando el impulso y la colaboración de la asociación Ressò de sa Cabaneta. A pesar de todas las dificultades, el recuerdo que permanece es muy positivo. “Me lo pasaba muy bien. Era duro, pero muy divertido”, afirma Marçal. Ese espíritu es el que, todavía hoy, impulsa las ganas de volver a empezar.




