Xavi Lock: «Una serie diaria como La Promesa es como un máster, por eso estoy superagradecido»

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Xavier Lock (Palma, 2001) es conocido por ser Curro en La Promesa, una de las series más vistas de España. Sin embargo, cuando vuelve a Es Pla de na Tesa es simplemente nieto de su padrí y un chico que ha disfrutado de las verbenas en la plaza de Sant Llàtzer, ha crecido corriendo por las calles del pueblo y ha sido uno más en Can Gaspar durante muchas tardes. Ahora, con 25 años, interpreta un personaje trascendental que se ha ganado el cariño de toda la audiencia.

¿Pasas todo el tiempo que puedes en Marratxí?

Siempre estoy por aquí, hay mucha gente que me ha visto por la calle y me pregunta «pero ¿qué haces aquí?». Yo soy de aquí, pero a la gente no le cuadra.

Ahora vives entre Madrid y Sa Vinya, ¿cómo es la vuelta a casa?

Siempre que sales fuera intentas que ese sitio se convierta en tu casa, pero en Madrid es muy difícil. Cuando vuelvo al Pla tengo a mis amigos, toda la gente que me conoce por parte de mi abuelo, profesores, entrenadores de básquet… Ahora hacen las típicas preguntas de «¿como va el trabajo?» y yo digo «va bé, va bé», me dicen que tengo que volver a Can Gaspar y cuando hablo con gente mayor me recuerdan a mi abuelo. Esto en Madrid es un poco más difícil. Aquí es más personal.

Te has criado en Es Pla y te sientes pladenateser.

Sí. He hecho toda mi vida en Es Pla de na Tesa, pero mi casa familiar estaba en el carrer de Sa Vinya, ahí vive mi padre. De pequeño iba al CEIP Gabriel Janer Manila, y cuando acababa la escuela iba a casa de mi abuelo, que estaba en frente. Mi vida ha sido en Es Pla, por eso digo que yo soy de Es Pla.

¿Qué recuerdos más especiales tienes aquí?

Tengo bastantes. Recuerdo els berenars con mi padrí y sus amigos en Can Gaspar. Yo jugaba a fútbol en Es Pla de na Tesa y siempre que estaba con los amigos y acabamos de entrenar nos íbamos a sus casas, a comer con sus abuelas. En Es Pla de na Tesa he vivido las verbenas, me he enamorado, me he desenamorado,… he hecho una vida aquí.

¿Echas de menos tener la sensación de comunidad, de «fer poble»?

La verdad es que sí. Hay una parte de tranquilidad, que la gente te conozca personalmente, y no por tu trabajo. Entro en Can Gaspar y dejo de ser Curro, dejo de ser Xavi; soy el nieto de Toni Urrea, el músico… ¡y qué gusto!

ue no encontraba nada que me gustase. Y luego tenía una hermana que era un 10, sacaba matrículas de honor y era más pequeña que yo, entonces era yo el señalado.

Había una profesora de catalán que tenía una amiga que era escritora y dijo que quería hacerle un regalo haciendo un cortometraje de su libro. Como yo no hacía nunca nada, me dijeron «tú vas a hacer esto, esto y esto».

Y al principio dije «ostras…». Pero a medida que lo iba haciendo me empezó a gustar y luego lo proyectaron en el teatro, vino la señora, le encantó y a mi padre le dijeron «igual por aquí puede ir». 

Entonces, claro, todas las historias que yo conozco –de intérpretes– han sido «mis padres, cuando yo les dije que quería estudiar esto de interpretación fue fatal» y en mi caso mi padre fue el que me dijo «mira, vas a probar esto y te vas a ir a Madrid. Un año, pruebas, y ves qué tal». Mi idea era quedarme en Mallorca y probar aquí. Pero él me dijo «si los haces, lo haces bien». Porque mi padre desde pequeño siempre me ha dicho que hay que esforzarse, hay que hacerlo bien.. él es psicólogo del deporte.

Además, mi padrí era músico y vivió una vida de bohemia y siempre me decía «tira, tira. Que tu vales. No te preocupes. Si hay algún problema, yo estaré aquí». Al final me dio ese último empujón y eso se agradece.

En Madrid me mentalicé que tenía que esforzar y a medida que iba haciéndolo me di cuenta de que me encantaba.

Siempre he tenido muchos problemas con seguir las normas y la primera cosa que me dijeron en el teatro fue «aquí no hay normas, aquí puedes volar, puedes hacer lo que quieras», y dije «esto es lo mío».

Antes de entrar en La Promesa hiciste más de 80 castings

Creo que fueron más, he hecho un montón, y he hecho de todo. Siempre me decían «no, no, no, no», el «no» siempre va estar y es la primera barrera que hace que la gente que está por estar desaparezca. Siempre he pensado que quizás estoy ante el casting en el que me van a decir «sí».

Entraste en La Promesa queriendo interpretar a otro personaje y al final te quedaste con Curro…

Siempre suele ser así. Estaba en Mallorca y no me dieron mucha información del casting, pero yo fui igualmente. Tenía que hacer de galán y presenté un Mario Casas, y me dijeron que no iba por aquí la cosa, era un poco más amable, no tan canalla. Lo hice como me lo pidieron y les gustó. Pero me fui y llamé a mi hermana y le dije «la he cagado». Antes de coger el avión de vuelta, ese mismo día, me pidieron si podía volver para hacer el casting con una actriz protagonista. 

Fui y, yo que siempre la suelo cagar, me encontré a Ana, que interpreta a Jana, pero en ese momento no lo sabía. Ella estaba ordenando los libros (de atrezo) y pensé «será la ayudante de dirección…». Entonces me dijo «¿pasamos texto?», y dije, «no, no, tranquila, estoy bien, esperaré a que vengan». Y justo entraron Eva y Yolanda -de dirección- y dijeron «vamos a hacer el casting». La vi interpretar y dije, «no me lo puedo creer». Pero al final lo bueno de ese casting de química es que fue maravilloso. Con Ana, desde ese mismo momento siempre ha habido conexión. Me llamaron y me dijeron «te nos quedas pequeño para el papel, pero danos dos semanas…». Y me llamaron para Curro, y cuando lo vi… dije «¡esto está chulo!. Este personaje va a caer bastante mal, pero me gusta».

Y lo gracioso es que cuando empecé La Promesa me mandaron unas tres separatas: mi llegada, una discusión con Jana y me iba. Y yo le dije a mi padre «es un capitular, estoy ahí tres escenas y me voy». Pero luego al hablar con el equipo me dijeron «no, tú eres tal, tal y tal –Curro de la Mata, Marcos y posteriormente el Conde de Linaja– » y dije «ostras, esto va para largo». ¡Y ya han pasado cuatro años!

El personaje tiene muchos retos interpretativos ¿Crees que La Promesa ha sido una escuela de interpretación? 

Totalmente. He tenido la oportunidad de hacer este personaje en un montón de facetas. Cuando entró era como un animal herido que hacía daño a todo el mundo y, dependiendo de la persona con la que estaba, interpretaba un papel u otro. Con Cruz, la marquesa, intentaba agradarle y ser súper amable; con Jana, en cambio, era: «Eres una criada, no sé qué haces hablando conmigo».

A medida que avanzaba la historia, he podido hacer el cambio de ser un inútil y un imbécil a convertirme en una persona muy amable, que siempre está pendiente de los demás. El marqués intenta que todo el mundo se sienta a gusto y cómodo en casa, es muy noble.

He tenido muchos retos, como cuando murió mi hermana y se me iba la cabeza. Estaba loco, llegué a meter a El Capitán, mi padre, en una sala a punta de pistola para matarlo. Son retos que he tenido la suerte de poder afrontar gracias a La Promesa, me siento muy afortunado de haber podido hacer algo así. 

¿Cuál fue el recuerdo más impactante?

El equipo de arte recreó una guerra en un campo de Segovia. Construyeron unas trincheras de 20 metros de largo y contrataron a 150 personas para rodar una escena que fue una barbaridad.

Y allí estaba yo: miles de personas corriendo, las bombas, el equipo de maquillaje retocándonos constantemente por el calor, rodando con prisas porque se nos iba la luz… Fue una experiencia única.

Me acuerdo de estar grabando aquello y pensar: «¿Qué estamos haciendo?». Creo que ganamos el Premio Emmy, además de por el recorrido de la serie, por cómo se hizo la escena de la guerra. Una serie diaria es como un máster; por eso estoy súper agradecido.

¿Qué destacarías de la serie?

Es increíble lo rápido que funciona todo. La gente que ha venido al plató, por ejemplo, mi abuela o amigos, me han dicho: «¿Pero cómo es posible que grabéis esto?». Porque, por ejemplo, en una escena grupal en la que somos ocho personajes sentados, tienen que grabar un plano de cada uno sin cruzarse. Además, hay que ajustar la luz, cuidar el rácord —si hemos comido esto y volvemos al inicio de la escena, tienes que volver a colocar el plato exactamente en el mismo sitio—… Yo ya estoy acostumbrado, pero cuando lo ves desde fuera piensas que es increíble como se puede llegar a hacer y en tan poco tiempo. Somos una familia y nos ayudamos entre todos.

El Xavi que empezó hace cuatro años no se hubiese imaginado vivir tantas experiencias.

Para nada, además, nunca me habría imaginado que fuera a estar tanto tiempo en una serie. Pensaba que trabajaría un tiempo encadenando una y otra, que me surgiría alguna cosa de teatro,… empezar por ahí y buscarme la vida, porque trabajar como actor es bastante complicado.

Y la verdad todo lo que he hecho, con todos los papeles que ha tenido Curro, porque ha sido como interpretar diferentes personajes, es que no me lo podía imaginar jamás en la vida, ha sido una suerte.

¿Tienes miedo a encasillarte o te gustaría que recordasen como Curro?

Si y no. Me gustaría que la gente tuviese la capacidad de poder verme en otros papeles y que no digan, «este es Curro». Por otro lado, me encantaría que la gente al verme se acordase de Curro porque es un personaje al que le tengo mucho cariño y decir – con orgullo– «si, soy yo».

Has comentat que el ritme de gravació de La Promesa és molt exigent, deu capítols a la setmana… Teniu temps per desconnectar i poder agafar-ho amb més força temporada rere temporada?

He notado la diferencia de cuando entré en la serie, que era un personaje secundario a un personaje protagonista. Cuando tienes tanta cantidad de trabajo es complicado desconectar. Hay muchas escenas que son «banales», como una grupal en la que no tienes que hablar, pero casi toda la historia va girando en torno a ti. Entonces tienes que saber gestionar muy bien cuando sales del trabajo, decir,  «ya no toco nada hasta antes de irme a dormir», que ahí ya me pongo, si no es muy complicado.

A mí me ha pasado que ha habido veces que he dicho «voy a petar». Sobre todo después de la muerte de Jana, que fue el momento en el que yo pasaba a tener un papel más protagonista, estaba muy enfocado en intentar hacerlo bien, en cuajar, que la gente le gustase, que no se desconectase de la serie. Cada vez que salía del plató era coger el iPad y decir «venga, va, voy a estudiar, venga, aquí que puedo encontrar, aquí estoy listo, va». Y acabas destrozado. Incluso los fines de semana era momento de desconectar y había veces que no podía ni dormir.

¿Qué te ayuda en esos momentos?

A mi la rutina me ordena, me concentra y eso me hace tener claro cuando puedo tener momentos libres. Después de dejar el futbol cuando me fui a Madrid encontré el gimnasio y es una rutina para desconectar.

¿Qué perspectivas tienes con este próximo año?

Seguiré en La Promesa, pero siempre está la cosa de querer probar cosas nuevas, hacer nuevos personajes, nuevos retos… siempre estamos abiertos a todo.

Estos últimos dos años intenté compaginar La Promesa con el teatro, cursos, me ha ayudado mucho a salir de una misma rutina, a aprender, a salir de la caja… en eso estoy.

¿A qué te refieres con buscar algo nuevo? 

A una cosa que sea totalmente diferente a Curro, ya sea dentro del mismo formato, en teatro, o cine, o incluso en una serie. Porque La Promesa, al ser una serie diaria, grabamos súper rápido, iluminamos en 40 minutos, tenemos que hacer la escena a lo mejor en 20 o 10 minutos.

Luego, cuando te encuentras otras series para plataformas, ahí a lo mejor al día hacen dos escenas donde tienen 5, 6 o 7 planos, que tú te puedes explayar, puedes hacer más cosas. Y también me gustaría probar eso, ver que me puedo encontrar.

Por otro lado, lo bueno del teatro es que te permite poder hacer de un señor de 82 años, una chica o de repente un señor que es de Andalucía. No se da tanta importancia a la estética como en el cine, no dicen «esta persona no puede hacer esto», y tienes cinco meses de ensayos para buscar al personaje. Es puro juego, arriésgate, lánzate. Y eso es increíble. 

¿Para dedicarse al mundo de la interpretación es obligatorio irse a la península?

Me pongo a mirar y no hay mucha variedad de escuelas o incluso de representantes… siempre me preguntaban si, siendo de Mallorca, tenía residencia en Madrid o en Barcelona, porque si eres de Mallorca y no tienes la posibilidad de ir a la península estás muerto. Y precisamente yo creo que aquí en Mallorca se pueden hacer mil cosas: tienes paisaje, historia… 

Fíjate en Galicia o en el País Vasco: tienen sus leyendas y cuentan sus propias historias, pero nosotros también las tenemos. Podemos hablar de la vida en los pueblos, de una persona que se ve obligada a quedarse en la isla para continuar con el negocio familiar, del problema que tenemos con el turismo o incluso de lo que sucedió aquí durante la Guerra Civil. Hay miles de historias que se pueden contar.

¿Qué planes de futuro tienes?

El año que viene voy a empezar un máster de guion porque me gustaría poder contar historias de Mallorca. Hay talento; lo que pasa es que no hay suficiente gente que diga: «Vamos a apostar por esto» y yo quiero contribuir.