“Llevamos toda la vida intentando eliminar las barreras, no solo las arquitectónicas, las sociales, que son las más difíciles”
La historia de ASPACE Baleares empezó en marzo de 1976, cuando un grupo de familias con hijos con parálisis cerebral decidió organizarse para ofrecerles aquello que entonces apenas existía: atención especializada, educación, acompañamiento y un futuro con más oportunidades. Eran años de diagnósticos difíciles de asumir y de escasos recursos públicos. Las familias tuvieron que abrirse camino casi desde cero.
“Eran momentos de incertidumbre, en cómo actuar con un familiar, cuando las instituciones públicas no brindaban el apoyo que recibimos ahora”, recuerda Óscar Delgado, presidente de la Fundación ASPACE Illes Balears. Aquella iniciativa familiar, nacida de la necesidad y del compromiso, encontró pocos años después en Marratxí el espacio donde crecer. Una familia cedió los terrenos y en la carretera vieja de Bunyola, en el kilómetro 8,2, empezó a levantarse el complejo que hoy constituye el corazón de la entidad.
Cincuenta años después, ASPACE Baleares no puede entenderse sin Marratxí. Su sede principal ocupa una parcela de más de 10.000 metros cuadrados y alberga un conjunto de servicios que han acompañado a generaciones de personas con parálisis cerebral y a sus familias: colegio de educación especial, centro de día, residencia, rehabilitación, terapias, espacios adaptados, piscina terapéutica, huerto, zonas sensoriales y actividades de ocio. No es solo un centro. Es una casa grande. Una institución sociosanitaria de referencia en Baleares y, al mismo tiempo, una parte viva de la memoria social del municipio.
La memoria de quienes han construido el día a día
Si hay alguien que conoce esa evolución desde dentro es Coloma Ferrer. Llegó a ASPACE en 1985, cuando realizaba prácticas de puericultura. Al año siguiente empezó como cuidadora en el Aula de Graves Afectados, ubicada entonces en el espacio que hoy ocupa la residencia. Cuatro décadas después, continúa trabajando en el colegio Pinyol Vermell.

“Los primeros años fueron de mucho aprendizaje y me permitieron mejorar mis capacidades para poder sentirme mejor en el trabajo que realizamos”, recuerda. Desde aquella primera etapa hasta hoy, Coloma ha visto cómo la entidad incorporaba nuevos servicios y recursos: la residencia, el centro de día, las terapias asistidas, las actividades de ocio y toda una estructura profesional que antes no existía.
Pero, al hablar de ASPACE, las cifras nunca bastan. Coloma lo resume desde la experiencia cotidiana: “La felicidad que transmiten los chicos cuando logran esos pequeños avances, lo bien que te lo pasas con ellos y, sobre todo, lo mucho que te dan”. Después de tantos años, sigue teniendo claro qué debería entender mejor la sociedad: “Son chicos con capacidades y muchas veces la sociedad los limita. Todas las personas somos diferentes y eso es algo que debemos respetar”.
Una entidad de referencia en Baleares
El gerente de ASPACE, Jesús Hernando, sitúa la dimensión actual de la fundación en perspectiva. “El ASPACE de hoy no se entiende sin repasar sus 50 años de historia: son más de 2.000 personas y familias atendidas, más de 600 trabajadores, amigos que han pasado a lo largo de estas décadas y que todos forman y formarán parte de la familia ASPACE”.
En la actualidad, la fundación atiende a más de 1.000 personas al año, cuenta con unos 200 trabajadores, dispone de cinco centros y ofrece servicio en las cuatro islas. Su modelo se basa en una atención integral y personalizada, adaptada a las necesidades de cada persona y a las distintas etapas de su vida.
Uno de los hitos más recientes ha sido la puesta en marcha de la Residència Sa Talaia, con diez plazas, y de la Vivienda Supervisada Nola, con otras diez. Ambos recursos, ubicados en el complejo de Marratxí, suponen una de las ampliaciones residenciales más importantes de los últimos años. Para Hernando, el avance es claro: “Nos ha permitido dar respuesta a personas que están en lista de espera para un servicio muy escaso y necesario como es la vivienda residencial. Y la posibilidad de ofrecer respiros a unas 50 personas a lo largo del año de forma más regular ante una demanda cada vez mayor”.
“El reto —añade— no es solo ampliar plazas, sino garantizar una atención de calidad, con profesionales formados y recursos suficientes para responder a situaciones complejas”. Porque detrás de cada servicio hay una necesidad concreta: conciliación familiar, descanso, autonomía, rehabilitación, apoyo emocional, vida adulta y dignidad.

La mirada de las familias
ASPACE entró en la vida de Marga Muñoz en 1990, cuando su hijo tenía dos años. Hoy tiene 38. Son más de tres décadas de convivencia con una entidad que, para muchas familias, no es únicamente un recurso asistencial, sino una segunda estructura de apoyo vital.
“ASPACE para nuestro hijo es como su gran familia”, explica Marga. “Para nosotros, sus padres, es nuestra tranquilidad, nuestra segunda casa”. Cuando intenta resumir lo que la entidad ha significado para ellos, lo hace con una frase rotunda: “Familia y ASPACE somos uno solo”.
Su testimonio permite entender una realidad que a menudo queda fuera del debate público. Las familias no solo han tenido que enfrentarse a barreras arquitectónicas, sino también a barreras sociales, más difíciles de derribar. “Llevamos toda la vida intentando eliminar las barreras, no solo las arquitectónicas, las sociales, que son las más difíciles”, señala Marga.

Por eso insiste en una idea esencial: la parálisis cerebral no es una enfermedad, sino una lesión en el cerebro. Que una persona tenga dificultad para hablar, use silla de ruedas o realice movimientos involuntarios no significa que no comprenda lo que sucede a su alrededor. “Detrás de cada persona hay familia, terapeutas y amigos que ponen su cuerpo y alma todos los días”, recuerda.
Marratxí y ASPACE, una alianza consolidada
La relación entre Marratxí y ASPACE no es nueva ni circunstancial. La presencia de la fundación en el municipio ha generado empleo cualificado, actividad social, colaboración institucional y una sensibilidad compartida hacia la inclusión.
“El municipio entiende que tiene en su término uno de los centros sociosanitarios más importantes de Baleares, uno que genera empleo cualificado y tejido social”, afirma el alcalde de Marratxí, Jaume Llompart. En 2024, el Ayuntamiento y la fundación renovaron su convenio de colaboración, un acuerdo que se traduce en cesión de espacios municipales, apoyo administrativo, agilización de trámites, bonificaciones y colaboración en actividades.
ASPACE participa también en la vida comunitaria del municipio, con presencia en eventos como la Fira del Fang y en diferentes iniciativas sociales y de sensibilización. Esa relación convierte a la fundación en algo más que una entidad ubicada en Marratxí: la convierte en una parte activa del tejido del municipio.
Mirar al futuro sin perder el origen
Al cumplir medio siglo, ASPACE mira hacia adelante con nuevos desafíos. Óscar Delgado apunta algunas prioridades: consolidar de forma sostenible todos los servicios, cuidar a los profesionales, garantizar la eficiencia económica, reforzar la implicación de las familias y el voluntariado, e incorporar avances tecnológicos que faciliten tanto el trabajo diario como los progresos de los usuarios.
“Queremos mantener y potenciar la innovación e investigación como marca de la casa”, afirma el presidente. Esa vocación de mejora permanente forma parte de la identidad de ASPACE desde sus orígenes. Lo que empezó como una respuesta familiar ante la falta de recursos se ha convertido en una fundación de referencia, capaz de combinar atención directa, profesionalización, innovación y compromiso comunitario.
Jesús Hernando resume el mensaje de fondo con claridad: la parálisis cerebral no debe mirarse desde la enfermedad ni desde la condescendencia. “Es una condición asociada a la persona. Son personas que no están enfermas, aunque tienen mayores dificultades para diferentes actividades de la vida diaria. Debemos tratarlas desde el respeto, no desde la condescendencia. Pueden desarrollar un proyecto de vida que merece ser respetado y facilitado para que sea digno y lo más completo posible. Como el de cualquier persona”.

Óscar Delgado añade la dimensión colectiva: “Me encantaría que se normalizara la parálisis cerebral como una faceta más de la diversidad de nuestra sociedad. Que se apoyen las necesidades extras de nuestros usuarios visibilizándolas de manera positiva desde el punto de vista de la inclusión”.
Cincuenta años después de que un grupo de familias decidiera construir lo que el sistema todavía no ofrecía, ASPACE sigue defendiendo la misma idea de fondo: cada persona tiene derecho a una vida digna, acompañada y plena. Y Marratxí, que acogió aquel proyecto y le dio espacio para crecer, forma parte inseparable de esa historia.


