“Si no se toman medidas de sostenibilidad, Baleares será insostenible”

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Anna Traveset nació en la Seu d’Urgell, pero lleva más de treinta años viviendo en Mallorca. Vive en Marratxí desde hace 19 años y se declara marratxinera, el lugar donde han estudiado sus hijos y donde ha conocido a grandes amistades. Anna Traveset tiene una agenda llena de proyectos, de expedicions científicas, ya sea en las Galápagos o en Cabrera. Además, es la representante del CSIC en las Baleares, tutora de diferentes doctorandos y profesora universitaria. Es una entusiasta de la ciencia y del medioambiente. Y recuerda que todos podemos hacer cosas importantes para reducir el calentamiento global.

-¿Cómo recibió la noticia del premio Ramon Llull. Un galardón que se suma a otros muy prestigiosos como el Jaime I?

Pues con muchísima ilusión y con un sentimiento de mucha responsabilidad.

-Usted es la ecóloga más citada de España, una auténtica referencia. ¿Cómo ve el estado de la ciencia en España y en Baleares?

Aquello de las citas de los trabajos va variando cada año y depende del ranking que se use para verlas. Siempre es bueno saber que los trabajos que haces sirven a otros para ir avanzando la ciencia, pero el número de citas es solos uno de los factores que hay que tenir en cuenta a la hora de evaluar si uno hace o no buena ciencia. Sobre el estado de la ciencia en España, y en Baleares, se hace muy buena ciencia, y afortunadamente, esto se está apreciando cada vez más por muchas instituciones y por la gente en general. Las inversiones en ciencia han aumentado últimamente, lo que está muy bien, pero todavía queda mucho camino por recorrer hasta llegar a los niveles de otros países europeos.

-Usted ha sido muy crítica por los últimos resultados de la COP26 por la falta de amplitud de miras de los gobiernos y por no pensar a largo plazo. ¿Se ha sentido decepcionada?

Es realmente frustrante ver la urgencia que tenemos ante el calentamiento global y que la mayoría de gobiernos, especialmente de algunos países muy poderosos, no apliquen las medidas que hacen falta para frenarlo cuanto antes mejor. Sin embargo, parece que en la última década se ha incrementado la concienciación ciudadana por los riesgos del calentamiento global, pero no acaba de concretarse en medidas estatales contundentes. Efectivamente, la concienciación ciudadana es cada vez más grande, pero todavía es una minoría la que está dispuesta a ‘sacrificar’ bienestar, y los gobiernos van muy lentos aplicando las medidas contundentes que haría falta (como por ejemplo reducir las emisiones de CO2 promoviendo más el uso del transporte público).

-Un estudio de la UIB y deI MEDEA coordinado por usted estudia si la acción humana está amenazando las redes tróficas. ¿Cómo se desarrolla este fenómeno?

Lo que queremos examinar es el impacto de las especies invasoras, introducidas por los humanos, sobre el funcionamiento de las comunidades insulares nativas, comparando islas habitadas con islas no habitadas y sin invasoras.

-Durante el siglo XX se vivió un crecimiento inmenso y en el siglo XXI estamos viendo las consecuencias. ¿Cómo se encuentran los ecosistemas?

La mayoría de los ecosistemas están ya muy alterados por las actividades humanas. Hay muy pocos lugares de la Tierra que se pueden considerar absolutamente ‘prístinos’. Hay una gran pérdida de biodiversidad en todo el mundo, y lugares remotos como el mismo Ártico estan también sufriendo indirectamente las actividades humanas mediante el calentamiento que provoca el deshielo en aquellas latitudes, haciendo que, por ejemplo, especies como el oso polar, esté menguando a una gran velocidad. ¡Se predice que en pocos años esta fantástica especie puede haber desaparecido del planeta!

-¿Estamos a tiempo de revertir todo el daño infligido al planeta o llegamos tarde?

Sinceramente, creo que ya llegamos tarde. Ya hemos perdido mucha biodiversidad que no se puede recuperar. Y las islas son particularmente vulnerables a las actividades humanas. Más de un 60% de las especies que ya se han extinguido vivían solos en las islas. Pero esto no quiere decir que tengamos que tirar la toalla. Lo que tenemos que hacer ahora es parar una mayor destrucción, restaurar todos los ecosistemas naturales que podamos y aprender a convivir más con la naturaleza. No podemos olvidar nunca que los humanos somos parte de la naturaleza, no podemos vivir de espaldas a ella. Y la tenemos que cuidar porque no hay planeta B.

-¿Qué acciones de gran impacto, y viables, ayudarían a parar el calentamiento global?

Hay que frenar las emisiones de CO2 todo lo que se pueda a la vez que hay que restaurar muchos de los hábitats que son captadores de este elemento. Los bosques, por ejemplo. Pero hemos deforestado muchísimo por todas partes. Solo hay que ver lo que está pasando en la Amazonia (el gobierno de Bolsonaro está haciendo desaparecer grandes masas forestales a gran velocidad), en Indonesia, en la isla de Borneo, la lista es bien larga Por otro lado, se está trabajando desde diferentes ámbitos para captar este exceso de CO₂ de la atmósfera, con diferentes tipos de tecnologías, pero todavía estamos lejos de poder eliminarlo, y puede ser que esto no sea nunca posible del todo. Por lo tanto, lo que hay que hacer es dejar de añadir más.

-¿Qué pueden hacer los ciudadanos en sus casos?

Los ciudadanos podemos hacer muchas cosas. Aquí van algunos ejemplos: promover el consumo de proximidad y no estar continuamente pidiendo cosas por Amazon que vengan de la otra punta del mundo (por ejemplo, de China), usar menos el vehículo particular y andar más, o ir en bici, que aparte es bueno por la salud, sobre todo para distancias cortas, claro; comprar productos como fruta y verdura de temporada, que no se tenga que importar de países lejanos, consumir menos carne, puesto que implica más deforestación y más contaminación, reciclar todo lo que se pueda, evitar el consumo de plástico siempre que sea posible, etc.

-¿Se atreve a anticipar cómo estaremos de aquí a 20 años en Baleares?

No soy ninguna visionaria, pero solo sé que si no se toman medidas de sostenibilidad, Baleares será insostenible, así de sencillo. Hay que apostar por un desarrollo económico teniendo en cuenta que los recursos son limitados, sobre todo en las islas. No podemos, por ejemplo, admitir el máximo de turistas. Así se matará la gallina de los huevos de oro, esto ya se sabe. Los mismos empresarios relacionados con el turismo lo saben. Hay que ser valientes y creerse de verdad que es preferible una mejor calidad a más cantidad de gente entrando en Baleares.

-¿Cómo es un día de trabajo y en qué proyectos se encuentra trabajando actualmente?

Recientemente, he estado realizando trabajo de campo en las Islas Galápagos y después he hecho lo mismo en el archipiélago de Cabrera, puesto que coordino un proyecto en el que estamos estudiando el impacto de las especies invasoras en las islas sobre las redes tróficas. En la primavera es cuando tenemos más trabajo de campo. También porque trabajamos en otro proyecto de polinizadores y estos están sobre todo en la primavera. Cuando no estoy en el campo, voy al IMEDEA, donde tengo el laboratorio y allí estoy supervisando a un conjunto de estudiantes predoctorales e investigadores postdoctorales. Me gusta más hacer trabajo en el campo, pero también disfruto analizando los datos y escribiendo los artículos científicos y reuniéndome con mi equipo, que ahora es bastante grande, y discutiendo resultados. Soy muy afortunada porque me encanta mi trabajo.

¿Cuál es la expedición científica que más le ha impactado?

Desde 2010 estoy rabajando en las Islas Galápagos, para mí es un paraíso, y me siento también muy afortunada de poder trabajar allí. Estamos siempre aprendiendo mucho allí. Son todavía unas islas bastante ‘prístinas’, obviamente me refiero a las que no están todavía habitadas. En las que vive gente, también está alterándose todo a gran velocidad. Cada año vamos y notamos el crecimiento poblacional que se está produciendo y es un poco triste.

-La ciencia ha vuelto a recordar durante la pandemia su carácter esencial. El Gobierno trata de promover las vocaciones femeninas STEM, ¿cómo lo ve usted que también es profesora universitaria?

Las mujeres tienen un poder impresionante y dentro de poco espero que ya no haga falta ni celebrar el día de la niña y la mujer en la ciencia. Me parece fantástico el trabajo que se está haciendo desde el Govern balear promoviendo las vocaciones STEM. Espero que continúe así gobierne quién gobierne en un futuro. Esto ya no tiene vuelta atrás.

-¿Qué nos puede decir de Mallorca desde el punto de vista de la biodiversidad, de cómo se encuentra y de cómo ha evolucionado en los últimos 30 años?

Mallorca ha sido muy alterada, sobre todo la parte de la costa, pero todavía quedan puntos muy interesantes y que hay que preservar. Todos los parques, tanto el nacional del archipiélago de Cabrera como todo el conjunto de parques naturales que hay albergan una biodiversidad muy alta. Y mucha de ella todavía está por descubrir, sobre todo de ‘bichos’ pequeños. Hace pocos años encontramos, por ejemplo, una abeja nueva para la ciencia, y continuamente se están encontrando nuevas de especies en Baleares.

-Usted nació en Cataluña, pero hace treinta años que vive en Mallorca. ¿Imaginaba quedarse aquí durante tantos de años?

Nací en la Seu d’Urgell. Vine de viaje de fin de curso en 3.º de BUP y, efectivamente, nunca me habría imaginado que acabaría viviendo aquí. También me siento afortunada de disfrutar viviendo en estas islas. Ahora mismo no me imagino viviendo fuera de una isla como Mallorca.

-¿Desde cuándo vive en Marratxí y por qué escogió este municipio para vivir y qué tiene de especial para usted?

Desde el año 2003 vivo en Marratxí. Cuando vine con mi família, buscábamos un lugar cerca de Palma y tranquilo. He hecho amistades aquí, mis hijos estudiaron en la escuela y en el instituto aquí. ¡Y ya me siento marratxinera!