Raphel Pherrer: “Ir contracorriente es un deber”

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Raphel Pherrer es de aquellas personas que no pasan desapercibidas. Vecino de Sa Cabaneta desde hace muchos años, siempre le ha gustado provocar reacciones con su trabajo (ya sea en el ámbito musical o en la comunicación, que de todo hay en su vida). No tiene pelos en la lengua y dice las cosas como las piensa. En esta entrevista, tenemos una muestra.

-¿Quién es Raphel Pherrer? ¿Cómo se autodefine?

-Un ‘mindundi’. Lo que pasa es que en la vida he tenido momentos divertidos, he hecho música, hago periodismo (he hecho televisión, he hecho radio …). Es un trabajo muy entretenido que, para hacerlo, te tiene que gustar mucho y tengo que reconocer que yo soy un apasionado. Por lo tanto, soy un ‘mindundi’ afortunado que ha podido hacer durante años este trabajo maravilloso que es el periodismo.

-¿Por qué Raphel Pherrer escrito así, con ‘ph’?

-Cuando en 1986 hice mi primer disco, ‘Desnormalització’, uno de los temas principales ya hacía ironía sobre la normalización lingüística. Ahí explicaba que un catalanoparlante era secuestrado y se lo llevaban en Guadalajara. Allí le lavaban el cerebro… Y estando yo en Barcelona reunido por temas de publicidad del disco y demás, me dijeron: «Oye, ¿y por qué no un cambias el nombre?», Y yo contesté: «Pues, mira, me puedo llamar Raphel Pherrer, con ‘ph’ en vez de ‘f’ «. Así tendría motivo para entrevistas en la radio y, además, Raphael también escribe su nombre así, con ‘ph’, por lo que esto también daría motivo para cachondeo. Por otra parte, había en Manacor un muy buen escritor que también se llamaba Rafael Ferrer, con ‘f’, y un día me escribió una carta para decirme que nos confundían y me sugería poner el segundo apellido ambos. Le contesté que no hacía falta, que yo ya firmaba Raphel Pherrer.

-¿Cómo recuerda su infancia?

-Nací en Palma, pero mi familia venía a Marratxí menudo. Mi abuelo Manuel estaba enfermo de los pulmones, y aquí había fama de tener buenos aires para combatir la enfermedad. Así, la familia compró una casa. Y cuando yo tenía ocho años mi padre construyó otra, donde pasábamos los veranos y la Navidad. Es un muy buen recuerdo porque tengo las últimas imágenes de cómo estaban Sa Cabaneta y Pòrtol en aquel tiempo, cuando la Comuna de Can Domingo no estaba ni asfaltada, y veías los surcos de los carros, las boñigas de caballos y burros … He visto el último suspiro de lo que fue la vida de antaño.

-«La vida es una tragedia en la que nos hacemos viejos demasiado pronto y sabios demasiado tarde». Frase de Benjamin Franklin que tiene usted a su perfil de Facebook. ¿Quiere decir esto que Raphel Pherrer es de aquellos que piensan que un optimista es un pesimista mal informado?

-Primero, la encuentro muy verídica. Después, también tiene una finísima ironía, decadente y algo melancólica. Te hace hacer una reflexión automática y pensar en aspiraciones ganadas, en aspiraciones perdida … ¿Optimista o pesimista? Creo que esto son formulaciones literarias muy útiles para escribir una novela o lo que quieras, pero no son reales. Hay instantes en que te comerías el mundo, y hay otros que te ves abajo del todo. Y a veces depende de lo que te ha pasado, de si entra viento del norte o de si has pisado un cardo aquella mañana …

-Raphel Pherrer conoce muchas frases lapidarias y también cincuenta mil historias curiosas. ¿Cómo las ha sabido? ¿Por qué canal le han llegado?

-Yo compro todo lo que encuentro interesante en este sentido, libros y publicaciones de hechos extraordinarios. Por ejemplo, un libro de Gregorio Doval que está muy bien. Hace ya mucho tiempo que lo hago, ya en tiempo de unas colaboraciones mías en Radio Nacional, en Barcelona y en Madrid. Estos hechos extraordinarios son muchísimos, tienen el mismo fondo que la vida. Son cosas históricas…

-Volvamos a la música. ¿De qué manera se introdujo en ese mundillo?

-En la Universidad, estudiando Filosofía y Letras, conocí a Marusa Caro y un grupo de gente. Éramos cinco o seis. Un día quedamos para ir a casa de uno de nosotros para estudiar. Yo llevé la guitarra y, de repente, empezamos a cantar, en vez de estudiar.  Marusa tiene una voz maravillosa, y aquello gustó. Yo empecé a hacer canciones de folklore mallorquín. Hasta que un día, una amiga nuestra cantautora también (Lourdes Bordas, de Reus) nos dijo de presentarnos al segundo Festival de la Cancó Mallorquina, que se celebraba en la Lonja de Palma. Así lo hicimos, y nos fue muy bien. Fue nuestro inicio, el punto de inflexión. Ella cantaba y yo tocaba la guitarra, como dúo. Nos llamábamos Rafael (aunque con ‘f’) y Marusa. A partir de ese concierto se multiplicaron las ofertas. De aquel tiempo sale ‘La terra parla’. Entonces, ella se dedicó a la familia y yo seguí en solitario, y saqué mi primer disco, ‘Desnormalització’, que venía dentro de una caja de ensaimada y un dibujo de diseño precioso de Vicenç Sastre. Recuerdo que las cajas (unas mil) las encargué a Cartonajes Mallorca. Seguramente fue y es el primer y único disco-ensaimada del mundo y, por supuesto, llama la atención.

-Hablando de llamar la atención, a Raphel Pherrer siempre le ha gustado ser distinto, ir un poco contracorriente.

-No es que te haya de gustar, es un deber. En general, las políticas que nos rodean son muy corruptos y están protegidas por un sistema que ya les da útiles jurídicos para mear fuera de tiesto sin que pase nada. El sistema es ya corrupto en sí, así está pensado. No ahora, siempre. Ahora, los Estados Unidos están demonizando Venezuela cuando ellos son los que han ocupado distintos países y han causado una mortandad terrible de gente inocente … No sé si ya han superado en Hitler y todo. Y en todo esto hay una gran colaboración de la prensa, que es parte de este pastel y todavía lo hace peor.

-Estamos, pues, dentro de una gran mentira…

-Una gran decadencia. Decadencia psíquica, en la putrefacción de la filosofía personal de los participantes en la sociedad. Pero también de dinero, porque -aunque no lo parezca- cuando el gran capital hace estos movimientos tan extraños es señal de que hay movida, y gorda. La intuición me dice que si el gran capital estuviera sano y bueno, no debería hacer estos movimientos a la desesperada. No nos engañemos: todo lo de Venezuela es porque allí hay petróleo… Si no, nada.

-Hablemos de los medios de comunicación. Ha hecho (o hace) radio, televisión y también prensa escrita. ¿Cómo los definiría?

-La televisión es la más engañosa, es muy complicada porque entran muchas personas y es dónde tus ideas son más retocadas. Por lo tanto, lo que hayas preparado para la televisión, muy probablemente se diluya en un equipo y luego son ellos los que te dicen lo que tienes que hacer. La radio es más directa; puedes ir tú solo, te entiendes con el técnico y tu mensaje puede llegar más directamente, sin tantas interferencias. Y en los medios escritos, si haces reportajes, tú eres el rey: tienes más tiempo para pensar, puedes hacer más introspección, puedes meditar lo que quieres transmitir. Por otro lado, las redes sociales son una revolución, al igual que lo fue la imprenta en su momento, implican globalización en la comunicación, y esto tiene un gran peligro y una gran virtud… El gran peligro es que internet puede ser un inmenso vertedero de toda clase de basuras; la parte positiva es que es una fuente de comunicación maravillosa e inmediata.

-¿Cómo ve Marratxí desde todos los puntos de vista?

-Por su situación, con sus zonas de campo, boscosas, pegadas a una ciudad que quiere crecer desaforadamente, creo que Marratxí debería ser una especie en Central Park en Nueva York. Si debe crecer la ciudad de manera desaforada -cosa que no deseo-, que bordean el límite de Marratxí, de forma que pueda mantener el sistema de vida que tenemos en Sa Cabaneta y en Pòrtol, que es el de hace 50 o 60 años. Aquí tenemos una maqueta de lo que se ha perdido, por lo tanto, hay que conservarla.