La arquitectura modernista, muy vinculada a la burguesía europea del novecientos y los grandes centros urbanos, también se puede encontrar a pequeña escala en Marratxí.


El modernismo es un movimiento artístico que apareció en Europa entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. También llamado art nouveau, Sezession o Floreale, se caracterizaba por la inspiración en la naturaleza, el uso de la línea curva y de formas asimétricas, buscando la ruptura con el neoclasicismo y la arquitectura historicista, así como una nueva aplicación de los materiales desarrollados a raíz de la Revolución Industrial como el hierro o el vidrio.


Para el caso de Mallorca, el apogeo de la arquitectura modernista se situaría en el periodo 1901-1914, coincidiendo con el inicio del proyecto del Grand Hotel, obra del arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner, y la salida de Antoni Gaudí de las obras de la Seu, respectivamente. Otros ejemplos paradigmáticos de esta etapa son el conjunto de la plaza del Mercado, Can Forteza Rey o Can Barceló en Palma. Además de los edificios que salen en las guías y los libros de historia del arte, en Mallorca predominó un modernismo popular. Se trata de construcciones que, sin tener una estructura modernista, incorporaron elementos propios de este movimiento en la decoración de las fachadas. Principalmente, se corresponde con edificios residenciales diseñados para las clases burguesas, por lo que este fenómeno predomina en aquellas poblaciones con una industria relevante.


En Marratxí, este era el caso de Es Pont d’Inca. Dentro de esta localidad podemos diferenciar algunos edificios con elementos modernistas que fueron incorporados siguiendo la moda del momento. La construcción más representativa de este estilo es la casa situada en la esquina de la calle Nueva con la calle de San Agustín. No se sabe con certeza, pero parece que fue levantada a principios del siglo XX y diseñada por el arquitecto Gaspar Bennasar, autor entre otros de la iglesia de San Alonso Rodríguez, la Plaza de Toros o S’Escorxador.


Concebida como casa de veraneo (en el número 14, de septiembre de 2019, ya explicamos como las segundas residencias fueron una de las causas de aparición y desarrollo de Es Pont d’Inca), tiene tres plantas y un tejado con dos aguas que vierten hacia los hastiales. Cuenta con una torre mirador, como muchas de las casas construidas durante esta época. Entre los elementos que más llaman la atención, hay que hacer referencia al amparado del jardín, las terrazas con balaustradas de madera decoradas con motivos geométricos, los bancos de cerámica de primer piso, las cenefas de tonalidades azules que rodean las puertas y ventanas, los pilares de hierro o el balcón de madera trabajada del nivel superior.


Otro ejemplo, aunque diferente de la anterior, es Cal Metge Seguí (avenida de Antoni Maura, 38). Se trata de un edificio levantado en 1880 y que debe su nombre a un antiguo licenciado en medicina que residió en esta casa. Este es un caso paradigmático de arquitectura tradicional con elementos decorativos de inspiración sezessionista; de hecho, la simetría de la construcción es absoluta. Tiene dos plantas, separadas por una moldura, y un tejado a dos aguas, sobre la que se levanta otra torre mirador. En la fachada, de piedra arenisca, destacan dos franjas horizontales paralelas a cada una de las alturas con incisiones verticales. Igualmente, sobre la puerta principal, se pueden apreciar motivos vegetales que rodean dos escudos de armas.


Ambas casas están protegidas e incluidas en el Catálogo de Patrimonio de Marratxí. Aun así, se trata de dos edificaciones totalmente integradas dentro de su entorno urbano.